Encerrados: Sesgos cognitivos y psicología
- Melissa Samaniego
- 30 mar
- 3 Min. de lectura
El cerebro humano no percibe la realidad. La predice.
Sesgos cognitivos en psicología: cómo el cerebro filtra la realidad
Antes de que cualquier información llegue a la consciencia, esta ya ha pasado por filtros subcorticales que deciden si entra o no. Y lo que decide si entra es simple, ¿encaja con lo que ya creo? Si no encaja, se bloquea. No es una elección consciente, es un automatismo biológico.
La disonancia cognitiva activa las mismas redes que el dolor físico y el cerebro aprende rápido a evitar lo que duele. Entender los sesgos cognitivos en psicología es el primer paso para salir de esa trampa.
En otras palabras, nos cerramos la puerta a nosotros mismos antes de saber que alguien llamaba.
El otro día leí un artículo que describía exactamente esto, y me quedé pensando.
¿Qué es la realidad? ¿Qué es verdad y qué es mentira? Sí, soy yo la que constantemente me confirmo y me desmiento cada idea.
Cuando intento traducir esto a la psicología, me es fácil entender por qué una persona deprimida no puede ver más allá de sus cuatro paredes, por qué un adicto no puede vivir más allá de las sustancias o por qué una persona que sufre de soledad no puede dejar de ver los vacíos.
El sesgo de confirmación: cuando la evidencia confirma lo que ya creías.
Piensa en algo tan simple como discutir con tu pareja o con un amigo. Tú llegas a esa conversación con una historia ya escrita: él siempre hace esto, ella nunca me escucha, esto siempre acaba igual. Y entonces, pase lo que pase, tu cerebro selecciona exactamente la evidencia que confirma lo que ya creías. Lo que contradice la historia, desaparece. No porque mientas. Sino porque literalmente no lo ves.
Pienso en la cantidad de tiempo que pasamos rumiando y rumiando nuestros pensamientos, intentando convencernos de que aquello que pensamos o dijimos el otro día es verdad. ¡Pero claro que es verdad! No hay nadie ahí para rebatirlo porque neurológicamente es imposible hacerlo solos.
Y luego salimos y nos rodeamos de personas que no nos alteren. Que complazcan esa forma de pensar tan nuestra. Que nos respondan siempre con un complaciente sí, o que nos den la razón, porque de lo contrario nos vamos o alzamos el argumento de que no nos entienden.
No es que no nos entiendan. Es que pueden estar percibiendo una realidad muy distinta a la nuestra.
Redes sociales: la cámara de eco de nuestros sesgos.
Por otro lado, pienso en cómo las redes sociales nos han hecho volvernos aún más sesgados. Porque ya no hay un contrario que te replique, ahora puedes elegir rodearte solo de los que piensan como tú y así autoconvencerte.
Y eso no tiene que ser solo con cosas "buenas". Es más bien al contrario.
Soy ansioso, porque todo mi entorno me confirma que lo soy. Soy un deprimido, porque todo a mi alrededor también me lo confirma. Soy un fracaso, estoy gordo, soy feo, soy, soy, soy…
Caemos en el juego del ego insaciable y acabamos, sin darnos cuenta, alejándonos cada vez más de cualquier respuesta que nos contradiga.
¿Para qué? Sí, ya nos hemos acomodado a vivir con la creencia que tenemos. No hace falta nadie que me replique.
Todo esto me ha dado una sensación de que estamos encerrados en nuestra propia historia.
Y para poder salir, para elegir mirar más allá y superar esa barrera que pone automáticamente nuestro cerebro, se necesita un trabajo cognitivo constante y exigente, cada día.
Eso es mucho más incómodo que la comodidad de pensar negativamente. Porque nos acostumbramos a todo, aunque eso sea absurdamente malo para nosotros mismos.
La terapia: el único espacio donde romper el automatismo.
La terapia es, precisamente, ese espacio donde alguien te da la fricción que tu cerebro solo nunca se daría. No es un lujo ni una señal de debilidad. Es la única herramienta que existe para interrumpir ese automatismo desde dentro, con otra persona presente, que no tiene tu historia escrita, que puede ver lo que tú no puedes ver porque no está encerrada contigo.
¿Preferimos la celda o simplemente nunca hemos querido salir de verdad?
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